¿Y qué hacemos con nuestros niños?

Nunca había pasado por mi mente que viviríamos una pandemia y mucho menos, que después viviríamos una guerra. Ambas son difíciles de entender para un adulto, imagínate cómo es para un niño.

Son muchas las afectaciones que a nivel socio emocional han vivido los niños durante el periodo de la pandemia y ahora sumarle el tema de la guerra, puede terminar por empeorarlo todo, así que manos a la obra para que esto no suceda. Te comparto algunas ideas que podrás adaptar de acuerdo a la edad, personalidad e interés de tu hijo:

  1. Explícale de manera breve y visual lo que está sucediendo. Comparto contigo un pequeño discurso que puede servirte de guía. “En este mapa podemos ver a Rusia y a Ucrania. Hace muchos años estaba la Unión Soviética que era muy grande y después se dividió en varios países, dentro de los cuales están Rusia y Ucrania. Rusia tiene una manera de pensar distinta, acuérdate que pensar diferente no está mal, pero es muy importante respetar a los demás. Otros países como Bélgica, Alemania, Italia, España y muchos más, formaron la OTAN para protegerse. Ahora una parte de Ucrania quiere pertenecer a la OTAN y eso hizo que Rusia se enojara y bombardeara, y es que enojarse no está mal, pero golpear y lastimar a otros sí. Cuando nos enojamos mucho nos dan ganas de pegar, pero sabemos que no está bien. ¿Qué otra cosa podría hacer Rusia si se siente muy enojado?, podría seguir los colores del semáforo en donde el rojo es detenerse y respirar, luego el amarillo que indica pensar qué podemos hacer y cuando esté en verde, llevarlo a la acción”.
  2. Evita que tus hijos vean imágenes de la guerra. Si para nosotros adultos son difíciles de procesar, imagínate para el cerebro de un niño. Si ya estuvo expuesto a imágenes, puedes ayudarlo haciéndolo hablar a detalle sobre lo que vio y cómo se sintió, de esta forma reducirá su angustia.
  3. Cuida lo que tus hijos escuchan y promueve un diálogo en el que te cuenten lo que otros niños les han dicho en el colegio, así ayudarás a reducir su miedo, recuerda ser empático en su sentir si está angustiado.
  4. Dale protección con tus palabras y con tus abrazos, diciéndole que las cosas van a estar bien y que él está protegido.
  5. Hablen sobre la paz, , algo pasa que aunque todos queremos la paz, todo el tiempo hablamos de la guerra. Soy una fiel creyente de que la paz se consigue cambiando lo que hacemos y decimos en casa. Así que en familia busquen acciones diarias que los hagan vivir en paz, te comparto algunos ejemplos como punto de partida para que hagas un plan familiar de acuerdo a tus dinámicas, gustos y necesidades:
  • En vez de pelear, lleguen a acuerdos sobre qué ver en la tele, quién elegirá el cuento para leer, en dónde comeremos el fin de semana, etc.
  • Eviten los gritos y hablen en un buen tono todos. En ocasiones, los adultos les pedimos a los niños “NO GRITES”…pero lo hacemos gritando.
  • Promuevan en todo momento el diálogo y sin permitir que haya golpes en ninguno de los miembros de la familia.
  • Cuiden las palabras y las formas en las que se hablan entre todos los miembros. En ocasiones las palabras pueden herir más que los golpes.
  • Hagan actividades cerca de la naturaleza, está comprobado que se reduce el estrés y nos mantiene en calma.
  • Colorear mandalas además de ayudar a mejorar la concentración y la paciencia, nos ayuda a reducir el estrés.
  • Agradecer todos los días, mejora el estado de ánimo y nos permite estar más tranquilos.
  • Abrazarse y besarse mucho hará que se produzca oxitocina, la hormona del amor.

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María Fernández Álvarez

Pedagoga y Coach de Familia.