Hoy ocho de marzo de dos mil veintiuno seguimos en pandemia y la vida es muy difícil ya que qué la pandemia nos está quitando muchas cosas, entre ellas vidas. Pero antes de todo esto contaré la historia desde el principio.

 

Al principio el dos mil veinte todo era genial, no había restricciones ni aforo limitado, no, la vida era normal y a todos nos gustaba nuestra vida, pero entonces el once de marzo de dos mil veinte llegó un invitado que ninguno esperábamos, el COVID-19, sin enterarnos la pandemia comenzó por este virus que nos cambió la vida por completo. Por culpa del virus tuvimos que quedarnos encerrados en nuestras casas, no se podía salir, las únicas personas que podían salir eran los adultos para hacer la compra, los niños no podíamos salir a ningún lado, si vivías en una urbanización seguro que pensáis que nos dejaban salir por la urbanización, pues en ese caso estáis equivocados, no podíamos salir por la urbanización, no veíamos a nuestros amigos, las clases eran online, nos mandaban los deberes por la plataforma y nosotros lo hacíamos, seguro que también pensáis que nos podíamos levantar a la hora que quisiéramos, pero no era así, a las nueve empezaban las clases.

Al principio todos decíamos “NO HAY COLEGIO” pero la vida no era tan fácil, al principio parecía genial estar sin colegio, pero mientras pasaban los meses la vida se iba volviendo cada vez más aburrida, sin familia, sin amigos, sin nada.

 

Después del verano, la vida seguía siendo muy difícil, pero por suerte el COVID cada vez se interponía menos en nuestras vidas, ya podíamos ver a nuestros amigos, familiares etc.… pero una de las mejores cosas fue la vuelta al cole, todos nos echábamos muchísimo de menos y cuando nos pudimos volver a ver fue genial, las clases cambiaron y a mí me pusieron con muchísimas de mis amigas.

 

En el colegio hacíamos muchísimas cosas y aunque suene extraño yo echaba de menos los exámenes, lo sé, quien echaría de menos los exámenes?, pues yo los echaba de menos, después de todo lo que había pasado echaba de menos todo lo del colegio, desde las cosas grandes como los profesores o los amigos hasta las cosas pequeñas como que se sentía cuando pisabas el suelo del colegio o cuando un compañero se caía tener que ir corriendo a pedir un hielo a secretaria, echaba de menos todo, al fin de al cabo soy una niña de doce años que está pasando por una situación de lo más extraña, si dentro de diez o veinte años me preguntaran que es lo que menos me gusta del COVID diría sin dudar que la mascarilla.

 

En dos mil veintiuno cuando por fin las cosas empezaron a ir un poco mejor para todos, la vida dio un vuelco para mí, en la cuarentena, había perdido muchas cosas, ver a mis amigos, a mi familia, pero nada comparado con no poder volver a ver a alguien de tu familia, como ya había dicho antes lo peor del COVID eran las perdidas de personas y yo por desgracia lo viví en primera persona.

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