La alumna del colegio, de 2ª de la ESO A, Carmen Soria Garcia ha quedado finalista, entre más de 700 historias enviadas a la primera edición del Concurso Literario #historiasdejóvenes patrocinado por Iberdrola y organizado por la Editorial Zenda, donde el jurado compuesto por Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez han dado como resultado que nuestra alumna destaque con su historia. 

Puedes encontrar la noticia completa aquí.

Desde la Junta Directiva le damos la enhorabuena por este premio y junto al agradecimiento nos pareció interesante hacerle una pequeña entrevista, muchas gracias Carmen por contestar a nuestras preguntas.

¿Desde qué edad escribes estos cuentos?
Desde tercero de primaria en mi anterior cole, todos los viernes por la tarde teníamos “Escritura Creativa” escribíamos desde un comic hasta un relato, así que aquí se puede decir que empecé a escribir en este momento  de manera rutinaria. Pero, nunca olvidaré el primer cuento que escribí en mi vida, debía estar en segundo de primaria, fueron unas tres caras y los dibujos me los hizo mi hermana, todo hay que decirlo. O incluso el relato que escribí sobre mi viaje a Galicia el verano de quinto a sexto de primaria, convirtiendo todo en seres fantásticos, las gaviotas eran espías del enemigo. 
¿Cómo te enteraste del concurso y por qué decidiste presentarte?
Me enteré del concurso porque nos lo presentó nuestra profesora de lengua, Cristina; decidí presentarme porque nunca me ha disgustado esto de escribir, y no perdía nada por presentarme
¿Es la primera vez que ganas un concurso?
Es la primera vez que gano un concurso con cierta fama, los anteriores que había ganado eran pequeños concursos de clase.
¿Cómo se te ocurrió hacer una historia sobre el resultado de una suma?
Parece una tontería, pero la idea se me ocurrió un día que me hice un corte en el dedo, entonces en ese momento me di cuenta de una cosa; puede que tengamos 5 dedos en las dos manos, pero mi quinto que es el pulgar no es igual a mi otro pulgar, pues, uno tiene un corte que el otro no tiene. Por eso la frase que dice “4 +1 ≠ 5, ya que mis 5 dedos de una mano no son iguales a los 4 dedos de mi mano más el quinto dedo, que es el pulgar, pues me falta medio” me define a la perfección. 
¿La historia acaba con las dos personas poniéndose de acuerdo en que son diferentes, ¿ alguna moraleja para aplicarlo en el día a día en el cole?
Sí, si todos somos distintos o diferentes ¿Porqué la educación es igual para todos? Si nosotros hacemos que la suma de 4 + 1 no sea igual a 5. ¿Porqué la educación no se adapta a nuestras diferencias?
¿Por qué animarías a la gente a leer y escribir?
Al leer o escribir entras en un mundo nuevo, en un mundo en el que el único freno es tu imaginación; a lo largo de nuestras vidas hemos encontrado normas de todo y en todas partes, pero yo en toda mi vida no he visto nunca normas para escribir.
Por último, cuéntanos qué libro estás leyendo ahora y cuál es tu favorito que recomiendas a todos los niños del cole.
Acabo de terminar de leer «El guardián entre el centeno». Pero, sin dudar recomendaría “Memorias de Idhún” de Laura Gallego.

Título: 4 +1 ≠ 5

Autor: Carmen Soria García

Centro docente: Colegio Sagrada Familia, calle Jorge Juan, Madrid.

Érase una vez un lugar muy lejano, donde solamente vivían dos personas. Actuaban, vestían, eran y hablaban totalmente igual, excepto que había una cosa que les diferenciaba, era el resultado de esta simple suma 4+1. Uno de ellos decía:

—4 +1 = 5, pues si tengo 4 galletas y cojo otra más tendré 5 galletas.

Sin embargo, el otro pensaba totalmente lo contrario, y respondía:

—4 +1 ≠ 5, ya que mis 5 dedos de una mano no son iguales a los 4 dedos de mi mano más el quinto dedo, que es el pulgar, pues me falta medio.

Un día iban andando por la calle, cuando uno empezó a decir, señalando las nubes:

—Esas cuatro nubes más esa no son iguales a aquellas cinco.

—Estas 4 baldosas del suelo más aquella no son iguales a estas cinco —contestó el otro.

Según iban andando por la calle se fueron dando cuenta de que no había 5 cosas iguales, pues las baldosas una tenía una mancha que el resto no tenía, y por esto no había ninguna igual. Las nubes, unas con forma de ovejas, peces y animales de todo tipo, y cada una con su forma única.

Cuando terminaron el paseo, uno

de ellos dijo:

—Tienes razón.

Cada palabra dolía como 100 disparos, la primera y la última vez que pronunciaría esas dos palabras, pues no le tenía que dar la razón a nadie, pensaban lo mismo.

—Las nubes, no hay 5 iguales; ahí están las 4 ovejas más el pez, que no son iguales a esas 5 del fondo —argumentó, señalando el cielo—. Por no hablar de las hojas, plantas, flores…

Con el tiempo se fueron dando cuenta de que no había dos cosas iguales, y ellos tampoco eran iguales, uno alto, el otro bajo, uno rubio, el otro moreno…

Desde ese día, empezaron a vestirse diferente, a pensar completamente lo contrario.

—Esto es más divertido —pensaban ambos. 

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